lunes, 27 de noviembre de 2017

Reseña: Y en el aire, los adioses, de Á. Álvaro Martín del Burgo

¡Hola a todos! Volvemos con algo de poesía, que no todo puede ser narrativa en esta vida (ni en este blog). Y lo hacemos con Y en el aire, los adioses, el primer poemario del joven autor Ángel Álvaro Martín del Burgo. Publicado por la editorial Cuadernos del Laberinto, a quienes agradezco enormemente la cesión del ejemplar, este libro de poemas nos presenta una visión adulta y emocionante de temas como la vida, la muerte o el amor.


SINOPSIS (O LO QUE APARECE EN LA CONTRAPORTADA)
Y en el aire, los adioses, primer libro de poemas de Á. Álvaro Martín del Burgo, hace cuestión poética del mundo de ese ser que por esencia se encuentra siempre ya en despedida, el hombre. Se canta a la muerte para poder ser certero con la vida, para dejarla advenir y soportarla jubilosamente como ella es, o como la hacemos. Este cancionero, mediante un recorrido estético de alusión que va destilando a una vez emoción y significado, hace comparecer el hacerse del hombre y de su mundo -espacio poliédrico del claroscuro, siempre reinventado-. Así, el lector encontrará una insistencia poética por igual en el sentimiento de nostalgia, en el deseo y la pena, en el absurdo y la condición humana de «haber de marcharse», en el contento de vivir o, en fin, en todo aquello cuanto nos atañe.
COMENTARIO 

Este es un libro para leer reposadamente. Es un libro que requiere calma, reflexión, nos pide que estemos abiertos a la duda, al asombro. No es un libro de poemas de moda, no es poesía pop de cantautor. No. Á. Álvaro Martín del Burgo estudia filosofía, y eso queda reflejado en sus poemas y en sus cuestiones. No es, en absoluto, lo que algunos podrían llamar «poesía fácil».

El tema de la muerte es un tema al que recurre mucho en los poemas de este libro, como nos previene ya el título del mismo. Nos encontramos con versos tan directos como «hace mucho que ya no somos cuerpo», con el que arranca el primer poema, o «también los dioses andan deseosos de morir». Incluso hay poemas sobre la muerte tan brutales como Danza con la muerte. Arte de trovador.

El amor también tiene su espacio, sin duda, en este poemario, aunque quizás lo hace de refilón, no de una manera totalmente directa. Un ejemplo lo vemos en Las Horas, y la calma breve:
Donde hay luz palpitan la calma y la dicha.En las luces de la tarde-enzarzados en el naranja de nube y en los rosáceos del espíritu-los cuerposno esperan y no sienten: cuánto aman.
La música y los compositores son también un elemento distintivo de este poemario, una especie de luz en la oscuridad, la calma de la vida, la aceptación de la muerte. La música es camino en este poemario, nos va guiando a lo largo de los poemas y las ciudades, que son también protagonistas, así como lo es el tiempo. Porque este poemario es de poemas que viajan de ciudad en ciudad y de siglo en siglo, nos llevan a París, a Venecia, a Kiev, a Rusia. Nos lleva a los «Días de mil ochocientos noventa y tantos...»

Dividido en nueve partes, este poemario nos acompaña de la mano por paisajes, pensamientos, vivencias, ideas, conceptos y música. Por calles oscuras y a fiestas de máscaras. Nos acerca a la vida y a la muerte, nos toca en el punto justo del corazón, de la herida.

Lo cierto es que me ha encantado el lenguaje, muy trabajado y al mismo tiempo sincero, sencillo. Muy musical. No sé. Filosófico.

Un poemario que merece la pena, de verdad. Sobre todo si tenéis mente oscura como la mía. Y si os gusta la música.

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